Gajes del oficio(o no.....) . Capítulo I
Prometí a una amiga contarle una experiencia que me aconteció en el trabajo hace un año más o menos, la cual puede resultar divertida ahora, pero no en el momento en que me ocurrió; y al final, por una razón u otra, nunca hago el ánimo. Así que qué mejor manera de empezar el blog, cumpliendo la promesa de mi amiga.
Tal experiencia se puede resumir en lo siguiente: se me corrió un tio en la camilla. No me refiero a que se cayera de ella. Perdonad mi brusquedad, pero no se me ocurre otra manera más sutil de decirlo.
Aunque lo relate tan fresca, estaba más cortada que la leche.
Tal individuo(y lo llamo así porque no tiene otro nombre, aparte de que la verdad no lo conozco)entró cierto día pidiendo un masaje de piernas, ya que según él las tenía cargadas de hacer tanto deporte(lo del deporte la verdad es discutible, porque estaba de blandito como mi abuela). Era un tio presentable, supertrajaeado, joven(treinta y tantos, cosa rara ya que los que alguna vez me han dado problemas han sido de 50 y tantos), y parecía argelino(a lo mejor sólo lo parecía).
Total, que llegá y le dije que se quitara los pantalones(yo por supuesto mintras estaba sentada en mi despacho), y él me pidió una toalla, cosa que me extrañó, porque por la experiencia que tengo, y sin querer generalizar,la timidez es cosa más de mujeres. El hombre supuestamente debía de quedarse en calzoncillos, al no haberse traido pantalón de deporte.
Por si a alguno le surje la pregunta(no es la primera vez que me la hacen): no, no me excito con un hombre en calzoncillos. Puede que la imagen a veces(muy raramente) sea un poco tentadora, pero una, es una profesional, y sabe separar el trabajo de lo personal.
Total, que cuando el hombre estaba preparado, me dispuse a relizar mi tarea. Conforme pasaba el tiempo, yo iba subiendo,poco a poco, por las piernas, muslos.... y cuando al final llego a los muslos, tuve que subir un pelín la toalla, que me estorbaba. Y cuál es mi sorpresa cuando veo...coño, que no lleva nada debajo. Tímidamente veo asomarse un huevín.Bueno, lo de tímidamente....El tío se había quitado los gallumbos sin mi permiso, sin yo decirle que lo hiciera. Al instante miré al techo, sin desviar la vista de aquella placa de escayola que tenía encima mío, aunque realmente no es la placa lo que veía, sino la imagen mental de aquél cojón amenazador que me miraba amenazadoramente recordándome que no estaba solo.
Y se ve que el personaje se dio cuenta de mi cara, colorada cual tomate maduro, que me dijo: "Donde voy otras veces a darme masaje me dan tangas de plástico desechable". No, si encima, haciéndose la víctima como que toda la culpa de que yo estuviera como estaba era mía y sólo mía. Y lo jodío es que tenía razón, porque aunque yo ya estaba viendo cosas raras, no me atrevía a acusarlo de nada porque encima se hacía el tonto, y yo no tenía pruebas claras de que estaba ante un salío.
Continuará....
Nota aclaratoria: sé que existe el secreto profesional, y yo lo respeto. No penséis que yo voy contando por ahí intimidades de la gente. Pero si a mí no me respetan como profesional, yo no tengo por qué respetar el secreto profesional.

angelsinalas dijo
Jo! Que faena la del aquel tipo. Seguro que lo hizo a proposito...y tú lo pasarías fatal. Pero por lo del secreto profesional no te preocupes, porque no has desvelado ningún secreto, puesto que no has dado nombres ni nada por el estilo. O sea, que puedes estar tranquila, por esa parte. Lo que siento, es el mal rato, que tuviste que pasar. Aunque sinceramente, la historia promete. Es graciosisima. Te seguiré los pasos de cerca.
Un beso.
10 Julio 2006 | 09:01 PM